La pregunta no tiene una sola respuesta, y cualquiera que te tire un número sin preguntarte nada primero te está vendiendo otra cosa. Pero sí se puede ordenar: el precio de un sitio web a medida depende de tres cosas —cuántas pantallas tiene, cuánto diseño propio lleva y qué tiene que hacer además de mostrar información—. Con eso claro, los rangos dejan de ser un misterio.
Esta es una guía honesta para que llegues a tu primera charla con un desarrollador sabiendo qué estás comprando y por qué cuesta lo que cuesta.
Cantidad de pantallas. No es lo mismo una página única que cuenta quién sos y cómo contactarte, que un sitio con quince secciones, fichas de producto y un blog. Cada pantalla nueva es diseño, contenido y código.
Cuánto diseño a medida lleva. Un sitio puede partir de un sistema visual ya armado o diseñarse desde cero, con tu identidad, tu paleta y tu voz. Lo segundo lleva más horas de diseño y se nota en el resultado: deja de parecerse a los otros diez sitios del rubro.
Qué tiene que hacer. Acá está el salto grande de precio. Un sitio que solo muestra información cuesta una fracción de uno que además vende online, agenda turnos, conecta con tu sistema de gestión o tiene un panel para que cargues contenido vos. La lógica detrás —la parte que el visitante no ve— es la que más trabajo lleva.
Estos números son de mercado, en dólares, para darte una brújula. No son una cotización: el alcance real siempre cambia el cuadro.
Si tu proyecto cae entre dos categorías, va a costar algo entre dos rangos. Es esperable.
El sitio más barato del mercado suele ser una plantilla con tu logo encima. Funciona el primer mes. El problema aparece después: carga lento, no se puede modificar sin romper algo, no está pensado para que Google te encuentre, y el día que querés crecer descubrís que no se puede.
Rehacer un sitio mal hecho cuesta más que haberlo hecho bien una vez. Pagás dos veces: la plantilla que descartás y el sitio nuevo.
Esto no quiere decir que lo más caro sea lo mejor. Quiere decir que el precio tiene que corresponderse con lo que el sitio necesita hacer. Pagar de más por funciones que no vas a usar es tan malo como pagar de menos por un sitio que no aguanta.
Cuando pidas presupuesto, mirá menos el número final y más cómo llegaron a él. Un presupuesto serio:
Ese último punto es el más fácil de pasar por alto y el que más te ahorra disgustos. Lo desarrollamos en otra nota: por qué te conviene ser dueño del código.
Tres movimientos concretos antes de contratar:
Definí qué tiene que lograr el sitio, no cómo tiene que verse. “Quiero que un paciente nuevo pueda pedir turno sin llamar” es un objetivo. “Quiero algo moderno” no lo es, y termina costando más porque nadie sabe cuándo está terminado.
Empezá por lo que necesitás hoy, no por todo lo que algún día querrías. Un buen sitio a medida se puede ampliar después. Arrancá con lo esencial funcionando y crecé sobre esa base.
Pedí propuesta cerrada. Es la única forma de saber de antemano cuánto vas a pagar. Y te dice algo de con quién estás tratando: quien trabaja a propuesta cerrada se hace cargo del alcance.
Depende del alcance. Como orientación de mercado, una landing o sitio institucional simple a medida suele ubicarse entre 800 y 2.500 dólares; un sitio institucional de varias secciones con diseño propio, entre 2.500 y 6.000; y una plataforma con funcionalidad arranca en 6.000 y sube según complejidad. Lo que define el número es la cantidad de pantallas, cuánto diseño a medida lleva y qué tiene que hacer el sitio además de mostrar información.
Porque no estás alquilando un molde: pagás diseño pensado para tu caso y código que es tuyo. Una plantilla cuesta poco por mes pero la pagás para siempre y no te la podés llevar. Un sitio a medida es una inversión única que, a los dos o tres años, suele igualar lo que habrías pagado de suscripción, y queda en tu poder.
Por mes conviene si estás probando una idea que quizá no exista en seis meses. De una sola vez conviene cuando el sitio es central para conseguir clientes y vas a usarlo durante años: el costo se amortiza y dejás de depender de una plataforma que sube precios cuando quiere.
Sí, pero es opcional y chico. El sitio se entrega funcionando y el código es tuyo. Si querés que el equipo siga cerca para cambios y mejoras, suele haber un retainer mensual sin permanencia. Si no, el sitio sigue andando igual.
Si querés un número real para tu proyecto —no un rango de internet—, contanos qué necesitás y te armamos una propuesta cerrada, sin compromiso. Escribinos a hola@js80.studio o desde la página de contacto.
Contanos en qué estás trabajando y te respondemos a la brevedad.
hola@js80.studio →