Un portfolio web profesional que pagás todos los meses a una plataforma —Wix, Squarespace, Webflow, Wordpress.com— te sale entre 15 y 30 dólares al mes. En tres años eso son entre 540 y 1.080 dólares. Y el sitio sigue sin ser tuyo.
Esa cuenta casi nadie la hace al principio. Cuando aparece, ya tenés gastado el equivalente a un sitio propio bien hecho y seguís alquilando.
Pasa con abogados, fotógrafos, terapeutas, arquitectos, consultores. Los proyectos avanzan, empiezan a llegar clientes mejores desde Google, y el portfolio sigue mostrando lo mismo que en 2022.
Las ganas suelen estar. Lo que se acumula es fricción: hace meses que querés cambiar las fotos, tenés un proyecto nuevo para subir desde hace semanas, y entrar al panel significa recordar la contraseña, navegar menús que cambiaron y pelearte con un editor visual que rompe la grilla cada vez que tocás algo.
Termina lo de siempre: postergás. Y un portfolio desactualizado le comunica al visitante algo distinto a lo que querés.
Wix, Squarespace, Webflow y Wordpress.com te resuelven el armado rápido, y para algunos casos con eso alcanza. Lo que casi nadie te explica al arrancar:
A los seis meses nadie nota nada; a los tres años la cuenta empieza a doler. Lo que arrancó como una solución barata se convirtió en un costo fijo que no controlás.
Tener un portfolio propio quiere decir que el código fuente está en tus manos, el dominio está a tu nombre, y podés mudar el hosting cuando quieras sin pedirle permiso a nadie.
En la práctica:
El costo de armarlo es más alto que un mes de Squarespace, pero a los tres años la inversión se iguala con lo que habrías pagado. Al final el sitio te queda en la mano.
Muchos profesionales independientes crecen sin tener que promocionarse demasiado: el trabajo les llega porque aparecen primero cuando alguien busca lo que ofrecen. “Fotógrafa de casamientos en Mendoza”, “abogado laboral en La Plata”, “kinesiólogo deportivo en Belgrano” — quien aparece arriba en esas búsquedas se lleva una parte sustancial del trabajo del rubro.
Pagar publicidad en Google funciona mientras la pagás. Aparecer en los resultados orgánicos —los que no son ads— sigue trayendo gente meses y años después, sin gasto fijo encima. Es la diferencia entre comprar agua todos los días y haber hecho el pozo una vez.
El SEO depende sobre todo de cómo está hecho el sitio por dentro: la velocidad real con la que carga, la estructura del HTML, la calidad del código, cómo está organizado el contenido. Las plataformas de alquiler tienen límites duros en cada uno de esos puntos. Un portfolio en código propio se puede armar priorizando eso desde el primer día.
Cuando armamos un portfolio, insistimos en eso: el SEO no se “agrega después”. Se piensa desde el momento en que se decide la estructura del sitio. Lo que se intenta resolver tarde, en general se resuelve mal.
“No sé editar código. ¿Cómo lo actualizo?”
Hay dos formas. Una: el sitio se entrega con un panel propio para subir proyectos nuevos sin tocar código, casi como subir una foto a Instagram. Otra: si los cambios son ocasionales —dos o tres veces al año—, te conviene que los hagamos nosotros con un mantenimiento mensual chico, y vos te concentrás en tu trabajo.
“Los templates de Squarespace son hermosos.”
Lo son. También los usa muchísima gente. Cuando un cliente potencial visita tres portfolios y dos están armados con el mismo template, ya sabe que lo que está mirando es genérico antes de leer una sola palabra.
“¿Y el diseño? Yo no quiero saber nada con lo técnico.”
El diseño no depende del código. Un portfolio en código propio puede verse igual o mejor que cualquier Squarespace. Lo que cambia es quién es dueño del archivo que lo genera.
Hay momentos donde Wix o Squarespace son la mejor decisión, y no tiene sentido hacerse el experto:
Pero si el portfolio es central para conseguir clientes y ya llevás años pagando una plataforma, la alternativa merece mirarse en serio.
Tres cosas, en orden:
Las piezas seleccionadas. No todas. Las seis a diez que mejor cuentan lo que hacés hoy y a dónde querés llevar el trabajo. La selección termina pesando más que el diseño.
Una descripción honesta de lo que ofrecés. Si tu portfolio dice “diseño, ilustración, fotografía, branding, animación, web” y no especializás en ninguno, vas a competir con todos. Mejor dos o tres cosas concretas, bien explicadas.
El dominio a tu nombre. Si todavía no lo registraste, hacelo antes de empezar el sitio. Cuesta entre 10 y 20 dólares al año y queda tuyo para siempre.
Con eso encima, un portfolio web profesional propio bien hecho está en el aire en dos a cuatro semanas. La parte más larga termina siendo decidir qué se muestra y qué se deja afuera; la programación es la parte rápida.
¿Cuánto llevás gastado en alquiler de plataforma en los últimos tres años? Si nunca hiciste esa cuenta, hacela ahora. Si el número incomoda, probablemente sea hora de mudarte a algo que sí sea tuyo.
Si querés ver cómo se vería tu portfolio armado en código propio, con el dominio a tu nombre y el SEO pensado desde el primer día, podemos charlarlo. Escribinos a hola@js80.studio.
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